Con el permiso de los gatos, auténticos amos de Internet, y sin ánimo alguno de ofenderlos, hoy nos adentraremos en el mundo de su archienemigo número uno, el PERRO. No, no llevamos idea de crear una nueva tendencia en la red de redes, ni es que la capacidad de entretenimiento de los felinos haya llegado a su fin. El hecho es que nos ha tocado hacer de canguros de Lucas, el perro de los padres de Isabel, y de repente y sin quererlo nos hemos encontrado con un nuevo territorio por explorar: el Mundo Perruno. Aquí tenéis la primera entrega de esta pequeña serie en torno al gran amigo del hombre.

¿Puede una persona antisocial tener un perro?

NO. Dos veces no. Bueno, mejor que sean tres, por si acaso no os ha quedado claro.

Ocho de la mañana. Llevas puesto lo primero que has encontrado en la silla de dejar cosas que bien podrías guardar en el armario pero no te sale de las p… Aún llevas las marcas de las sábanas en tu cara, a la que apenas has echado unas tímidas gotas de agua para intentar espantar el sueño. Aunque parezca increíble, a esas horas ya hay personas por la calle. Vas paseando a la criatura y de repente una anciana, que posiblemente lleva despierta desde las cinco de la mañana viendo la Teletienda, se empeña en hablar contigo con la excusa de que vas arrastrado por un animal. Que qué raza, que qué mono, que ella tenía un nosequé, que blablablá. ZZZZZZZZZ Intentas balbucear un “buenos días” y te alejas como quien no quiere la cosa dejando a la anciana runruneado preguntas.

Ocho y media de la tarde. Llevas lo mismo que esta mañana, no intentes disimular, tu vestuario no da para más. Te aventuras a la calle con un mayor nivel de consciencia que esta mañana. Está todo lleno de gente y de gente paseando perros. ¡Ojo!, este matiz es importante, a ambos hay que esquivarlos, sobre todo a los segundos, si no quieres acabar teniendo que hablar. La escena, con algún que otro matiz de diferencia, se desarrolla del siguiente modo: tirón de tu perro hacia el otro perro (rezas para que tenga el tamaño de un chiguagua), olisqueo de culos, por parte de los perros, intercambio de miradas, por parte de los amos. Aquí rezas porque sea guapo/a o que sea tan antisocial como tú. Si no hay suerte habrá que saludar, y responder a preguntas como ¿es macho o hembra? ¿está en celo? (esta puede ir con segundas) y blablablá. Aquí es cuando rezas para que Tinky, Prince, Shagy o como diantre lo hayan bautizado, se lleve mal con tu perro y poder así huir con una sonrisa en los labios.

Y existe una situación perruna aún peor, y encima no la verás venir: el que no lleva perro pero que tuvo casualmente uno que era clavadito al tuyo, y que el pobre ya falleció. Ahí estás vendido. Te tocará escuchar las emotivas alabanzas, los recuerdos y las aventuras vividas con su fiel mascota. Y a lo que te des cuenta, estaréis llorando los dos, él de pena y tú de pensar que acabarás así, siendo un ser social que habla con desconocidos de su perro. Tiempo al tiempo…

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