No hay cosa más infame que ir al gimnasio. En serio. Y no es por el sudor, la aglomeración de gente en determinados espacios, el hecho de tener que llevar unas ropas ridículas a la par que cómodas, ni por el ejercicio (qué va) ni las humillantes posturas. Tampoco lo es por sufrir los gritos de un energúmeno/a perfectamente musculado/a, que sabes que lleva todo el día haciendo ejercicio y que salta y se dobla como quien respira. Ni lo son las agujetas del día siguiente, ni el tener que cambiarte entre figurines que te recuerdan que llevas excediéndote con la cerveza desde que tenías 17 años.

Lo que me horroriza de ir el gimnasio es la música. Sí, esa selección imposible de temas puestos a un volumen atroz, para recordarte que están allí, para martirizarte durante esa eterna hora que dura la clase. Todavía recuerdo con una lágrima en los ojos el día que en clase de spinning a la profesora se le fue la pinza, porque no pudo ser de otro modo, sacó su vena rockera y nos puso AC/DC para darle a los pedales sin piedad. Fue una pequeña luz dentro de una oscuridad llena de remezclas de temas oídos en discotecas cuando empezaba a salir, allá a principios de los noventa. Por no hablar de los temas que suenan a “after de las 10 de la mañana” que te llevan a pensar en drogas sintéticas y lingotazos, más que en el sano cuidado de tu cuerpo. Y lo peor es ver a todo el mundo sufriendo feliz mientras tu intentas bajar el volumen de la música con la mente.

La cuestión es, ¿y si yo fuera la monitora (cosa arduamente imposible, pero para eso están los blogs, para divagar), con qué temas martirizaría a mis alumnos?

Richie Hawtin. Cardio por un tubo

El ritmo y la velocidad perfectos para que el corazón se acelere mientras nuestra mente se desplaza a aquel Sonar en el que acabaste perdiendo a todos los amigos, te adoptó un grupo de guiris, y acabaste bailando como si no hubiese un mañana al compás del gran “caballero del techno”.

 


Donna Summer. De reina de la disco a reina del gimnasio

La música disco para mi es equivalente a buen rollo. Es empezar a sonar y todo parece brillar y vibrar. Así que, ¿por qué no llenar de esa pátina dorada la clase? Es más, ¿por qué no sentirse por un rato como la reina de la fiesta, atravesando el Studio54 en una bicicleta estática transportada por cuatro fornidos mozos subidos en plataformas? Nota de la autora: Sí, nunca fui demasiado popular en el instituto y acabé recurriendo a la música y a la imaginación para sobrellevarlo.

 

Tubular Bells. Un viaje más allá (de la clase)

Quizás sea la opción más arriesgada, y por la que me acabarían echando del hipotético gimnasio en el que estaría hipotéticamente ejerciendo de monitora. Normalmente en la clase nos marcan una especie de ruta imaginaria que, por cierto, siempre está sembrada de arduas cuestas arriba y ninguna bajada. ¿Qué mejor manera que convertir esta experiencia en un auténtico viaje mental a costa de las lisérgicas notas del Tubular Bells? Así, por fin, podríamos visualizar esas montañas, auténticas y odiosas etapas reina de la clase, y llegar a la meta con la sensación de no haber estado encerrados en una sala, casi sin ventilación, con ese característico tufillo a humanidad (sudorosa), rodeada de gente dándole a los pedales como energúmenos para no ir a ningún lugar.

 


Los Ramones. Un clásico que nunca falla

Pedalear con lo más desmelenado del rock, sudar y dejarse las articulaciones entre tema y tema, ese es el objetivo. Sólo le veo un inconveniente, que tan anárquicos ritmos me lleven a saltar de la bicicleta, marcarme unos sincopados pasos de baile, pegar cuatro gritos y salir pitando del hipotético gimnasio a un bar real a tomar unas cañas reales servidas por el hipotético mazas del Studio 54.


New York New York – Fin de fiesta

Tras una buena pedaleada, siempre hay un instante para una lenta, la de cierre. Esa en la que reduces velocidad, te bajas de la bicicleta, te das cuenta que no sientes las piernas, e intentas seguir al profesor con los estiramientos. Ya sé que todos habéis pensado en ese tema new wave que escucháis en Spotify en modo privado, pero no. Tampoco me voy a decantar por un tema de música clásica, sería demasiado fácil. A mi para echarme de los sitios y decirme que la cosa se ha acabado siempre me han puesto este magnífico tema de “La Voz”, así que no voy a ser menos en el gimnasio. ¡Salida triunfal aunque sea a rastras!

 

Texto de Isabel Lucia Mazo
Asesoramiento musical Luis S. Ceprián