En ISABELYLUIS Comunicación andamos calentando los motores de cara a la próxima edición de FITUR. De entre #losviajesdeISABELYLUIS este es el más loco de todos, pues nos permite desplazarnos a lo largo y ancho de la geografía nacional, e incluso irnos un pelín más allá de nuestras fronteras en apenas tres (maratonianas) jornadas, donde no faltará el encuentro con viejos conocidos y la vivencia de un montón de nuevas y sorprendentes experiencias. Ahora que lo pensamos, podría estar cerca de lo que suele suceder en cualquiera de los grandes festivales a los que hemos ido asistiendo como público a lo largo de nuestra vida: jornadas maratonianas arrastrándote de escenario en escenario, el reencuentro con amigos y el cúmulo de experiencias que van más allá de lo musical. Precisamente los festivales musicales se han ganado una pequeña parcela en FITUR 2018 que, ante su creciente presencia dentro de la oferta turística de la geografía española, han decidido crearles una sección monográfica.

Bajo el nombre de FITUR Festivales, pretende unir a los diferentes agentes del sector y dar con ello cabida al que ha venido a convertirse con en tiempo en un producto turístico más. Muchos son los festivales que han nacido estos últimos años –en el sector incluso se ha llegado a hablar de posible burbuja-, aupados buen número de ellos por las instituciones públicas con la idea de promocionar diferentes localidades, convirtiéndose así en una excusa perfecta para dar a conocer una determinada zona y sus productos. Así pues, si por un lado se ha producido la consolidación y crecimiento de los festivales ubicados en las grandes ciudades -solo hay que ver la expectación causada por los carteles del Mad Cool Festival, del BBK Bilbao o del SONAR, amén del “no cartel” del Primavera Sound-, más curioso aún es el fenómeno provocado por los festivales situados en localizaciones más remotas, y no por ello menos atractivas. Y es que muchos ya han visto el potencial que constituye un evento de estas características para la promoción de los productos (locales o no), y más teniendo en cuenta los segmentado que es el público que acude a los mismo.

Nos viene a la mente el caso de Sonorama, que se viene organizando en Aranda de Duero desde 1998, y que es capaz de ir más allá de la música implicando a las bodegas de vino e incluyéndolas entre las múltiples actividades paralelas al festival. O el caso del Vida Festival, en el que parte del encanto reside en la previa (o el post), donde aprovechar para disfrutar de una jornada de playa con vermut y paella incluidos en Vilanova i la Geltrú, para luego disfrutar de la música en un espacio repleto de encanto.

Así pues, en esta edición de FITUR no te pierdas la oportunidad de pasarte por esta nueva sección organizada en colaboración con Spain Live Music, Asociación de Turismo Musical en España y de adentrarte en esta nueva tendencia dentro del sector turístico.

¡Nos vemos por FITUR!