La vida del Comunity manager esconde un mundo lleno de miserias del que nadie se atreve a hablar. Bueno, o no se atrevía.

 
Escondidos tras perfiles ultra positivos, en los que todo parece magnífico, tomando exquisitos platos en lugares molones, usando palabras de moda, luciendo ropajes supuestamente modernos (aunque ya se hayan llevado en los 60, 70, 80 y 90) y de destinos viajeros increíbles, hay todo un conjunto de seres sufriendo por ese like. Y no solo por el propio, sino por el de esa cuenta para la que trabajan. Leen todos los casos de éxito, se fascinan ante ese tuit que revoluciona el mundo de la comunicación y aplauden a aquel CM (así se hacen llamar) que logró batirse y vencer al troll de turno.

 

Pero la realidad es dura. No todos pueden jactarse de estar tras cuentas de famosos o de marcas extremadamente populares, que atraen a los followers y a los likes casi sin pestañear. ¡Ojo! También son pasto para los deslenguados trolls, no todo va a ser positivo, ¿eh?. Lo normal es tener ante ti cuentas más bien humildes, donde hay que sacar todas las armas de seducción para resultar atractivas. Haciendo una comparación zafia y fácil, no es lo mismo ser la chica guapa del baile, que una más dentro de una gran discoteca repleta hasta rebosar.

 

Como a toda empresa que empieza, a nosotros también nos ha tocado pasar por el duro trance de enfrentarnos a la creación de nuestras propias redes sociales. Acabas de nacer, nadie te conoce ni sabe de qué vas. Entras en ese gran océano conformado por Facebook, Instagram, Twitter (hay más, muchas más, lo sabemos) y te entra cierto vértigo. La experiencia hasta el momento nos ha acarreado momentos de todo tipo, algunos de ellos delirantes. Al principio vas de buen rollo, tanteando el terreno. Lo primero, lograr que toooodos tus amigos te sigan, incluso esos “amigos” de Facebook que no conoces de nada.

 

Luego llega la hora de diseñar tu imagen, y decidir qué personaje vas a interpretar: el simpático, el serio, el descarriado, el diplomático, el entusiasta, el troll… Porque no lo neguemos, aquí nada es real. Y si no que se lo digan a la modelo Essena O’Neill, que desvelaba las penurias que pasaba para hacer cada una de las fotos que la llevaron al éxito, o a Stina Sanders, otra modelo, que harta de tanta impostura empezaba a postear su vida real y muchísimo menos glamurosa, con la consecuente pérdida de followers. Sí, esto último daría para una larga reflexión, aunque está cada vez más claro que las redes sociales no son más que un espacio de evasión y de ensueño para muchos, y de desfogue para otros tantos.

 

A continuación llega la hora de la verdad. ¿A cuántos de vosotros no os ha pasado que habéis hecho la FOTO de vuestra vida, colgada con la mayor de las emociones, o el TEXTO más creativo que jamás se os habría podido ocurrir, y no ha reaccionado nada ni nadie? Ahí quieres morir, no podría haber mayor drama en el mundo. Por el contrario, luego está ese post cutre y absurdo, puro relleno, que remueve la vena de todo el mundo. Y también quieres morir. Resulta que para triunfar tengo que hacer algo aleatorio y absurdo. Teniendo en cuenta que tanto Isabel como Luis somos personas muy racionales, se nos escapa no lograr controlar tan anárquicos comportamientos. Ante esos momentos, sólo nos queda una cosa, reír, e intentar ser aleatorios y absurdos, no sea que nos perdamos algún like por el camino.

 

El delirio llega cuando ves los casos de éxito, porque sí, somos de esos. Los miramos, babeamos y flipamos ante ellos. Que si tal celebrity ha enseñado un pecho en Instagram y ha causado una hecatombe mundial, o que si tal video de tal youtuber ha sido reproducido un número de veces tan absurdamente elevado como el contenido del mismo. Ese es el momento en el que Isabel, que es la visceral del equipo, se le ocurre lanzar un: “¿y si me hago una foto con lo que sea al aire? ¡Eh! ¡Eh!”, ante el asombro total y absoluto de Luis. Afortunadamente el arrebato dura unos segundos. En uno de los momentos más bajos que hemos tenido, Isabel -no podía ser menos- soltó un “Luis, ¿alguien te comentó alguna vez eso de la compra de seguidores? ¿quién era?”. Llegados a este punto, recomendaros tomaros con mucha paciencia y aún más humor esto de la redes sociales.

 

Llegado este momento, queremos aprovechar aquí para dar las gracias a todos aquellos valientes que habéis osado darle al follow, no sabéis lo felices que nos habéis hecho. Y a los que sois más desvergonzados e interactuáis con nosotros, sabed que os habéis ganado un lugar en nuestro cielo. Pedidnos un favor, que nosotros estaremos ahí para ayudaros. Puede parecer exagerado, pero con esa intensidad estamos viviendo estos principios.

 

Por cierto, nos han llegado rumores de que algunos están optando por dejar de frecuentar esta discoteca para encontrarse en un entorno más real. Nos referimos a esa tendencia que ha surgido últimamente de abandonar las redes sociales. Eso sí, ahí fuera no hay filtros ni personaje que valga. Vamos, que hay que ser uno mismo. Avisados estáis.

 

¡Nos vemos en las redes! Y aún mejor, ¡nos vemos en los bares!