Uno de los temas apasionantes e imprescindibles para el buen funcionamiento de una empresa es la captación de clientes. Para lo neófitos o los que llevamos poco tiempo formando parte de la comunidad, una vía para darse a conocer es acudiendo a ferias con la idea de tantear un determinado sector y practicar el famoso deporte de la “repartición de tarjetas”. Hasta aquí nada nuevo. Nosotros, como buenos principiantes, nos hemos tomado en serio esto de las ferias, y hemos acabado cogiéndoles el gustillo. Y no ya por la oportunidad de negocio, o de conocer empresas nuevas, que la hay, sino por todo lo de casposo, circense y freak que pueden llegar a tener. A continuación os detallamos las tres experiencias que nos han marcado hasta el momento y de las que aún nos estamos reponiendo.

Resacón en FITUR

Sí, ya lo podemos decir, hemos sobrevivido a nuestro primer FITUR, y nos ha costado semanas asimilarlo. Un viaje por 165 regiones, repartidas en 57.850 m2 con un total de 9.500 empresas representadas. O al menos eso es lo que ponía en la nota de prensa, aunque a nosotros nos pareció mucho más. Números de vértigo para un sector que no para de crecer, y de transformarse, y que parece gozar de muy buena salud.

Toda feria que se precia tiene mucho de abrumador, y más si vas por trabajo. Insisten año tras año en vendernos ARCO como un auténtico circo en busca de la obra de arte polémica, pero NINGUNA de sus instalaciones – y subrayamos lo de ninguna – está en condiciones de superar a FITUR. Damos fe de ello. Esa extraña mezcla en la que tan pronto te encuentras con algún popular jugador de baloncesto en retirada paseando por ahí, a David Bisbal promocionando el pabellón de Sabe Dios Dónde, una Gay Parade en el pabellón de Ibiza, te tomas un vino con Esperanza Aguirre en el pabellón de La Rioja, y ves la que quizás ha sido la imagen del año: una tortuga ninja abrazada al que podría ser el próximo presidente del país – arduas negociaciones mediante –. Surrealismo pop en estado puro, y que no venga nadie a decirnos lo contrario.

En más de una ocasión durante nuestras dos jornadas feriales nos acordamos de nuestros amigos de VICE. Ya tardan en enviar a alguno de sus cachorros, bañarlo en LSD y soltarlo por este escaparate en el que se entremezclan las oficinas de turismo, los tour operadores y las grandes cadenas hoteleras, con políticos, famosos, famosetes en retirada, bailes folclóricos y gente disfrazada, con una puesta en escena de alto nivel – que no se diga que aquí no se gana dinero- . A esto hay que añadirle que quién más quien menos te acaba ofreciendo una delicia gastronómica y lo que es más peligroso, alguna bebida alcohólica para aderezarla.

Ya estamos contando los meses que nos quedan para volver a hacer este viaje de viajes ¿Para qué desplazarse hasta las Vegas teniendo este trepidante espectáculo en Madrid?

Mobile World Congress Barcelona, la niña bonita

Tras conocer uno de los principales motores de la economía española, el turismo, decidimos aventurarnos a otro monstruo, el Mobile World Congress. Quizás no logren solucionar los problemas laborales de los trabajadores del metro de Barcelona, como bien pudimos comprobar, pero lo que está claro es que mueven muchísimo dinero, y para qué negarlo, toooodos nuestros datos, mientras la legislación lo permita.

Estamos ante la típica feria en la que uno se siente cateto de pueblo, con boina enroscada incluida. Así se debían sentir en el siglo XIX las gentes de provincias que acudían a las exposiciones universales, con todos aquellos artilugios modernos venidos del futuro. Y así es como nos sentimos nosotros ante tanta terminología futurista, gafas 3D mediante. Por no hablar de los estands, ¡qué maravilla y qué lujo!

Fascinante es también el planteamiento de esta feria, en la que está presente la forma norteamericana de hacer negocio, en la que entienden que el tiempo es oro, y que algo que no se vende en cinco minutos es que no tiene sentido comprarlo. Ritmo trepidante del que deberíamos aprender algo en estas tierras – de una vez -.

ARCO, crónica de una muerte anunciada

A ARCO en realidad no fuimos por trabajo, sino que más bien lo hicimos por puro cotilleo, ya que Isabel siente auténtica pasión por todo lo relacionado con el coleccionismo y mercado del arte. Tras el hilarante espectáculo de FITUR y el deslumbrante Mobile World Congress, ARCO se nos quedó pequeño por primera vez en nuestras vidas. Creemos que sólo hubiesen logrado sacarnos del sopor resucitando a algunas de las figuras del accionismo vienés, manchando las grises moquetas del IFEMA con sangre. Sin vísceras ni belleza sólo nos quedó una opción, irnos de cañas por Madrid para olvidar. El mercado del arte está en un buen momento, pero el espectáculo está en otra parte.